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Edificación sostenible, la subvención no es la solución

Hace escasos días tuve la oportunidad de acudir a un interesante congreso sobre edificios de energía casi nula. He empezado por el final, aprovechando como titular de este artículo de opinión las palabras que en su clausura pronunció el Director General de Vivienda y Rehabilitación de la Comunidad de Madrid José María García.

Igualmente  hizo mención al papel de convidadas de piedra que tienen hoy en día las comunidades de propietarios. Suscribo hasta tal punto esta idea que creo que hoy en día pasa por ser una de las principales barreras de adopción para la generalización de este tipo de edificios en el segmento de la rehabilitación.

Hubo interesantes ponencias e ideas fuerza y resaltaré a continuación las que a mi modo de ver resultaron más llamativas.

Juan María Hidalgo investigador de ENEDI-UPV puso el dedo en la llaga cuando habló de que no se debe ir a demandas energéticas estándares sino personalizadas y en especial cuando habló de que cambiar un simple vidrio echa por tierra todos los esfuerzos por bajar las cargas en Kwh/m2/año. Tengo un punto de vista diferente sin embargo en lo que se refiere a la garantía de las prestaciones de los materiales colocados en obra. El abogaba por ensayos in situ de todos ellos, lo cual a escala industrial es inviable. Nuestra posición va más por la corresponsabilidad en el logro del resultado energético deseado de los diferentes actores (incluyendo aquí a los fabricantes de materiales)

Hubo un entretenido debate de ideas entre la visión eminentemente técnica de este tipo de edificios y otra más pragmática de y modelo de negocio. Entre los primeros se encontraba Gil Lladó del Ayuntamiento de Barcelona que hablaba de plazos “razonables” de retorno de la inversión entre 15 y 18 años.

Por el otro lado y con el renombrado Florencio Manteca del CENER a la cabeza se abogaba por que la única manera de generalizar este tipo de edificios y no solo mostrar aislados casos de laboratorio, es que esto merezca la pena desde una perspectiva económica…Aunque no sorprenderá a nadie recalcó que el punto óptimo no está en los edificios con los menores consumos si no que hay una situación intermedia por la que él abogaba.

A este respecto también se constató la dificultad añadida con la que se encuentran las medidas pasivas, precisamente porque su periodo de retorno de la inversión es mucho más alto que el de las instalaciones (unas 3 veces superior) o la iluminación LED (unas 7 veces). Y sin embargo, la mayoría de los expertos coincidía en que el principio de concepción de cualquier edificio de bajo consumo pasa por la baja energía demanda del mismo, lo cual paradójicamente depende de las medidas pasivas…

Otra de las mesas redondas, que contaba entre otros con Javier Bermejo de Kommerling y Alberto Coloma de Saint Gobain ponía el acento en la necesidad de que la demanda surgiera de los consumidores. Como catalizadores de ese cambio en las preferencias se abogaba por dos vías. Una normativa más exigente combinada con incentivos fiscales (defendida por el primero) y  una “uberización” de este tipo de soluciones, esto es la digitalización y la economía en red o colaborativa como tractor de esta demanda latente (abogada por el segundo).

En lo referente al cambio normativo que nos espera Javier Martin y Luis Vega de la subdirección general de Arquitectura y Edificacion del Ministerio de Fomento adelantaron algunas ideas.

Se ampliará el número de indicadores de sostenibilidad de los edificios más allá del % de energía primaria proveniente de fuentes no renovables. Se tratará de  indicadores dinámicos que por aproximaciones sucesivas (analizando la evolución de coste-beneficio de cada tecnología) irán tomando cuerpo.

Los nuevos indicadores supondrán una modificación del concepto de demanda energética que hoy tiene la norma (incorporando las cargas de ACS y ventilación) y la posible incorporación de la relación del edificio con la red de suministro (aunque como algo opcional y fuera del CTE).

Resultó cuando menos curioso (rozando lo cómico como dijo Albert Grau de la Fundación la Casa que Ahorra) la terrible indefinición del propio término nZEB o Edificio de Energía Casi Nula. Para unos era el concepto Passivehaus, para otros éste concepto pero “adaptado” a climas mediterráneos, para otros 15 Kwh/m2/año…

La realidad es que mientras la Comisión no avance en la definición…complicado, como reconocían desde el Ministerio. Algunos pensamos que es esa propia indefinición la que está ralentizando este proceso de trasformación de la industria de la edificación, que por otro lado no tiene vuelta atrás.

Y dejo para el final las tres ideas que más me convencieron

Primero, los edificios están para ser ocupados y para maximizar el confort entre sus usuarios minimizando los consumos energéticos para lograrlo…¡Y no al revés! Tanto Xabier Barrutieta, responable del edificio de Orona Ideo como Pilar Gonzáez del CDTI apuntalaron esta idea.

Segundo, cuando no hay recursos financieros ni grandes departamentos de I+D, la imaginación, la vuelta a los orígenes y la excelente capacidad de ejecución solventan estas barreras como demostró Alberto Monreal de Arquitecturas Naturales con su vivienda unifamiliar en Zaragoza.

Y tercero y lo más importante, cuando alguien pone verdadera pasión en lo que se propone a la hora de construir un edificio sostenible no importa que dificultades se encuentre, simplemente lo logra. Antonio Martínez, presidente de la cooperativa autogestionada Arroyo Bodonal dio una lección a 300 profesionales de cómo superar las barreras/zancadillas de la banca, la administración, las empresas constructoras, las tasadoras…y conseguir realizar el primer edificio residencial LEED platino de Europa. Con 67 años y la ilusión de un joven de 20 demostró que quien quiere hacer un edificio de bajo consumo lo logra. Desde  apliqa  nuestro reconocimiento.

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