30 de junio de 2026

EBITDA ajustado: dónde está el límite entre el ajuste legítimo y el maquillaje

EBITDA ajustado: por qué el más alto rara vez es el que se cobra

En toda venta, ampliación de capital o entrada de un socio financiero llega pronto una constatación incómoda. El EBITDA que figura en las cuentas no es el EBITDA sobre el que se negocia el precio. Sobre la mesa se discute el ajustado, el que busca reflejar lo que la empresa gana en condiciones normales de propiedad y gestión. Y el puente entre uno y otro concentra casi toda la tensión de la operación.

La aritmética que lo explica todo

Cada euro que se suma al EBITDA ajustado se multiplica por el múltiplo de la operación. A siete veces, un ajuste de 500.000 euros no vale 500.000 euros, vale 3,5 millones de precio. Esa palanca explica por qué la tentación de estirar los ajustes es tan fuerte. Lo que se subestima es que funciona igual en sentido contrario: el ajuste que no se sostiene, cuando el comprador lo descuenta, también pesa por siete.

El ajuste que parece menor y se lleva millones

En un caso que analizamos en detalle, un fabricante presenta un puente de 2,2 millones de euros de ajustes sobre un EBITDA contable de 4 millones. La due diligence acepta una parte sin discusión y rechaza otra. El resultado: de esos 2,2 millones solo se sostienen unos 1,4. La diferencia parece pequeña, 0,8 millones de EBITDA, pero a siete veces son 5,6 millones de precio que desaparecen de la mesa. Qué ajustes concretos se caen, y por qué, es donde está el verdadero aprendizaje del caso.

El coste que no aparece en la hoja de cálculo

Hay un segundo efecto, más caro que el primero. Cuando el comprador descubre que una partida del puente no se sostiene, no resta solo esa partida. Empieza a dudar de las demás. Y la confianza, que es el activo que sostiene precio, garantías y condiciones, no se recupera dentro de la misma operación. Por eso un EBITDA ajustado generoso, lejos de fijar un ancla alta, suele abrir una grieta.

La pregunta que cambia el enfoque

La conclusión es contraintuitiva: el objetivo del vendedor no debería ser presentar el EBITDA ajustado más alto, sino el más creíble. Porque el comprador no paga por el EBITDA que se presenta, sino por el que cree que se va a repetir.

Saber de qué lado de la línea cae cada ajuste es, justamente, lo que separa una negociación que sostiene el precio de una que lo va perdiendo partida a partida. En nuestro informe estratégico desarrollamos ese mapa completo: los ajustes que casi nadie discute, la franja gris de los que exigen prueba, los cinco cruces de línea más frecuentes, las trampas propias del sector de materiales de construcción y un listado de cinco preguntas para someter cada ajuste antes de sumarlo al puente.

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